Nostalgia y navidad

Miro atrás y veo. A veces ni siquiera eso. Sólo miro atrás y apenas recuerdo un gesto, una mirada, un perfil. Miro atrás y siento. Amigos que se fueron quedando en la cuneta, y otros que siguen ahí, pero por los que ni siquiera descolgamos el teléfono. Siento nostalgia. Será la puta navidad que nos acecha, o simplemente dos cubatas mal traídos.

Uno es lo que hace. Y lo que deja atrás. En mi caso ambas cosas pesan igual. Y cuando reflexiona y se decide a coger el teléfono, o incluso a escribir un correo electrónico, descubre que algo se remueve en su interior. Muchas ciudades, muchos amigos diferentes. Los del instituto, los de la universidad, los del periodismo, los del teatro... Será la puta navidad, que nos empuja hacia la nostalgia, o será ese chupito de licor de hierbas en la Taberna de Sole.

Una voz amiga al otro lado del teléfono. El email de alguien que creías que ni siquiera te recordaba. La carta sincera de un compañero al que un día cualquiera, sin saber muy bien porqué, dejaste de llamar. Será la navidad, que intenta en vano hacernos mejores personas, o sólo el destello cegador de las luces del belén.

Con el frío, los buenos propósitos. Este año el gimnasio, aprenderé inglés, quedaré a comer una vez al mes con los viejos amigos, ahorraré, seré más cariñoso (hasta puede que por fin aprenda a dar abrazos, Ch.) y no dejaré que los malos pensamientos me invadan. Mentira. Será la navidad, que quiere transformarnos en lo que no somos a base de ingestiones masivas de polvorones y turrón duro. Por cierto, dos alimentos que deben estar tan deliciosos que no nos atrevemos a probarlos en el resto del año.

Pero sea lo que sea, la nostalgia me invade en estas fechas. Entre sueños distingo los rostros de los que yacen para siempre en la oscuridad, y también los de aquellos que quedaron atrás y no volverán a nuestras vidas. Vislumbro nombres, caricias, miradas, sueños olvidados y aventuras que quedan tan lejos como el espectáculo del silencioso amanecer en el desierto de Wadi Rum.

Será la puta navidad, que nos obliga a añorar lo que perdimos, a extrañar lo que alguna vez pudimos tener y a desear lo que jamás será realidad. Cago en la puta...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La navidad sirve para darse cuenta de muchas cosas, no siempre agradables. Pero es bueno poder contarlas, recordarlas y compartirlas.

Nos tomamos una copichuela el viernes, no?


besacos

Anónimo dijo...

no te preocupes que yo te sigo queriendo tontín y recuerdo como el primer día tus maravillosas palabras "era como una noria"

desde entonces y a pesar de ello te quiero tontín
aunque no sepas jugar al tenis
aunque como corrector de novelas seas malo
aunque ya no nos vayamos juntos para casa cada mediodía
aunque fuera el último en conocerte porque llegasta al mismo tiempo que mi hijo
te quiero
aunque no pienso acostarme contigo
(al menos más de una vez)

P.D. Y luego también tienes a simpa y compañía, no estás solo

Javier Álvarez Amaro dijo...

A Vainilla: Sí, nos vemos mañana in the night

A Anónimo, varias puntualizaciones

Primero, es un honor para mí tener entre mis lectores al más laureado de los anónimos, tanto sobre el papel como en televisión

Segundo, no era como una noria, sino como una montaña rusa. Se nota que estás mayor y te folla (también) la memoria

Y tercero, para lo de no acostarnos más de una vez ya es un poquito tarde, tontín

PD. ¿Sabes cómo balan las ovejas?

Los viajes que no hice dijo...

¿Vas a aprender a dar abrazos?

¡ME PIDO PRIMER!

Feliz Navidad, amor.

garin dijo...

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